Hay dos estilos, uno estimula los placeres inmediatos, sean consumistas, sexuales o de diversión, contiguo con el goce, aumenta el culto independiente de lo actual, desautoriza el valor del trabajo, ayuda a desocializar, desestructurar y alejar aún más a las minorías propias de las grandes ciudades. Por otra parte, se privilegia la gestión legítima del tiempo y el cuerpo, el profesionalismo en todo, la obsesión con la perfección y de la eficacia de la salud e higiene. El placer se ascia en este asunto con la indagación del multiservicio, es un hedonismo dual, escandaloso y desresponsabilizador para las nuevas minorías, juiciosos e integrados para las mayorías silenciosas.
El placer es fuertemente valorado y ordenado, promocionado, liberado, y colmado de placeres - minuto. El hedonismo posmoderno es prudentemente Light.
La cultura de la felicidad activada incita una angustia de aglomeraciones crónicas pero derrite la culpabilidad moral. A medida que las reglas de la felicidad se vigorizan, la cognición culpable se hace mas temporal. La conmoción suscitada por el espectáculo de los niños deformados es ligeramente sucedida por el hecho de concurrir a un concierto de solidaridad.
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