sábado, 12 de abril de 2008

Un Encanto Llamado Diseño

En la revolución industrial existe una nueva revolución: algo llamado diseño, este se ha transformado en parte adicional de la idea de los productos, la gran industria ha apadrinado la figura de la elegancia y la seducción.
El éxito de un producto corresponde en gran medida a su diseño, su exposición y recipiente. Actualmente se le da más importancia a la comodidad, a lo original, a la docilidad, a la confianza, a la economía, y a los tributos. La sofisticación superficial de los objetos ha sido sustituida por un súper funcionalismo High-Tech; menos esparcimiento formal, más técnica.


El diseño tiene como tarea encontrar soluciones racionales y funcionales, a crear formas adaptadas tanto a las necesidades y a las funciones, como a las condiciones de la producción industrial moderna. “El valor estético es parte inseparable de la función”. El diseño también pretende que sea “humano”, debe haber un lugar para el hechizo visual y belleza plástica. La escenificación y la artificialidad no han desaparecido, se accede a ellas por la vía inédita de lo accesorio y de la “verdad” del objeto.


El diseño se compromete a rehacerse en su conjunto, en nuestros días, con las nuevas necesidades. El ambiente funcional es el apogeo de la sublevación artística actual, que refuta el protocolo majestuoso, lo anecdótico, la abstracción. Lo estético funcionalista es sostenido por los nuevos valores revolucionarios y liberales: extirpar los objetos a la práctica estética, poner fin a los modelos del pasado y manipular materiales “mediocres”; Ha legitimado los nuevos materiales industriales no ilustres y ha autorizado originar los valores de autenticidad y verdad del objeto.

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